C U R S O   M O N O G R Á F I C O

L O S   E S P A C I O S   D E L   V I N O

El curso ha servido para unir a arquitectos, ingenieros y enólogos en un repaso sobre los diferentes espacios que intervienen en la actividad bodeguera desde la recepción de la uva hasta el almacenaje y distribución del vino. Durante un día y medio los profesionales mostraron sus experiencias y puntos sobre todo lo necesario para que el complejo diseño de una bodega actual reúna las condiciones óptimas y funcionales para la elaboración, además de crear espacios con personalidad propia, que permitan una ordenada circulación por la bodega tanto de producto y como de visitantes y el conjunto aporte una imagen de calidad que ensalce al producto. Los profesionales se han mostrado de acuerdo en que la planificación tiene que apoyarse en el entendimiento de los tres pilares fundamentales: enólogo, ingeniero y arquitecto.


 

 

 

 

Estética y funcionalidad, exigencias de la arquitectura bodeguera actual

Durante una jornada y media el curso ha unido ciencia, arquitectura y cultura del vino

Vicente Sánchez Migallón, presidente de la Federación Nacional de Enólogos, y Domingo García Pozuelo, decano del Colegio de Arquitectos de La Rioja fueron los encargados de clausurar el curso monográfico "Los espacios del vino", organizado por la Asociación de Enólogos de Rioja y la Federación Nacional de Enólogos en el marco de Vinomaq Rioja. Sánchez-Migallón mostró su satisfacción como enólogo y como amante de la arquitectura bodeguera ante este curso porque "foros de este tipo pueden animar a muchas bodegas a plantearse la reordenación de sus diferentes espacios de tal forma que permitan definir una personalidad propia". Por su parte, García Pozuelo felicitó tanto a la AER como a la Federación por crear un foro que "que ha servido unir dos posturas, por un lado la técnica y por otro la arquitectónica, porque esta última también forma una parte muy importante de la cultura del vino".

El curso comenzó con la intervención del director general de Vivienda del Gobierno de La Rioja, Luis García del Valle Manzano, arquitecto de profesión, quien destacó que la arquitectura bodeguera "se encuentra actualmente en su máximo esplendor" y muy ligada a la cultura del vino. Hasta fechas muy recientes, señaló el Director General, era muy difícil encontrar proyectos arquitectónicos interesantes relacionados con el vino, pero en los últimos años "las bodegas han apostado por edificios y arquitectos de calidad". García del Valle recordó los diseños que en los últimos años se han incorporado al paisaje de la Denominación de Origen Rioja, con trabajos de arquitectos como Calatrava con Ysios (Laguardia), Ignacio Quemada con Juan Alcorta (Logroño), Frank Gehry con Marqués de Riscal (Elciego) o Jesús Marino con el Museo Dinastía Vivanco (Briones). El Director General de Vivienda manifestó su pasión por la arquitectura y en concreto "por la de nuestras bodegas", una pasión "cada vez más compartida" gracias a la buena salud de que goza la cultura del vino, y la arquitectura "quizá la disciplina de Bellas Artes más popular en este momento" forma parte de ella.

Los diferentes espacios que articulan la actividad bodeguera, desde la recepción de vendimia, elaboración, crianza en barrica y botella, hasta la expedición final del producto terminado, fueron analizados a lo largo de día y medio en un seminario que, en palabras de Antonio Palacios, presidente de la Asociación de Enólogos de Rioja, ha querido "fomentar un debate entre ingenieros, enólogos y arquitectos donde se revisen las nuevas tendencias en las construcción de las bodegas, teniendo en cuenta factores como funcionalidad, tecnología y estética".

El arquitecto Gabriel Mora, catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, fue el encargado de comenzar la jornada con una ponencia titulada "Los espacios del vino" en la que repasó la historia de la arquitectura bodeguera de diferentes zonas vitivinícolas, centrándose fundamentalmente en Rioja, Jerez y Cataluña. En Rioja describió los modelos de la típica bodega familiar, las instaladas en los palacios de la nobleza, el modelo industrial de finales del siglo XIX, que toma el ejemplo de Burdeos, y las actuales bodegas de diseño moderno, entre las que citó como pionera a Bodegas Olarra, diseñada por Juan Antonio Ridruejo a principios de los años setenta. De Jerez destacó la grandiosidad de sus bodegas, en las que predominan los elementos arquitectónicos de inspiración árabe y que recrean un mundo interior muy interesante. En Cataluña se referió especialmente a las construcciones influenciadas por el modernismo que en los años veinte realiza el arquitecto Cesar Martinell para sede de las nuevas cooperativas vinícolas y que adquieren el valor de obras monumentales para las pequeñas localidades en que se ubican. También destacó la calidad arquitectónica de las grandes bodegas de cava, como Codorniú.

El ingeniero agrónomo riojano Alfredo Madrigal, responsable de los proyectos de ingeniería de un gran número de bodegas, impartió la conferencia "Viña, vendimia y recepción", centrando su mensaje en que "la materia prima debe ser tratada respetuosamente en todo el proceso de vendimia y recepción de la uva en bodega con el fin de obtener el más alto potencial de calidad que dicha uva sea capaz de proporcionar". En opinión de Madrigal es fundamental que el proyecto arquitectónico supedite la estética a criterios de racionalidad en lo que se refiere a las instalaciones destinadas a la recepción y elaboración de la uva.

El también riojano Ignacio Quemada, arquitecto responsable de la nueva bodega Juan Alcorta, centró su conferencia en una detallada exposición, ilustrada con abundantes fotografías, del proceso de construcción de dicha bodega, la mayor de Rioja y considerada como modelo de integración en el entorno. Fruto de un trabajo desarrollado en equipo por ingenieros, enólogos y arquitectos, Quemada considera que la arquitectura debe supeditarse a las necesidades de los enólogos, pero responsabilizándose de la dirección del proyecto para proporcionar una visión de conjunto y aportar el necesario componente estético.

El arquitecto madrileño Jesús Manzanares, director del seminario "Los espacios del Vino", enfocó su intervención sobre "Crianza y envejecimiento" desde tres puntos de vista. En primer lugar, la relación entre los distintos espacios de la bodega, considerando a la nave de crianza como el eje central de los procesos que se desarrollan en la misma, desde la elaboración al embotellado y expedición de mercancía. En segundo lugar, los condicionantes técnicos que afectan a la nave de barricas, tanto si se aplica el sistema tradicional de desplazamiento por gravedad o por traslación. Y en tercer lugar, el papel que cumple actualmente el espacio destinado a la crianza desde el punto de vista de imagen y marketing, ya que se trata del espacio con mayor atractivo visual, sin duda el más espectacular de la bodega, y se ve afectado por los diferentes elementos que intervienen en su utilización para fines promocionales.

El arquitecto riojano Jesús Marino, responsable entre otros proyectos del Museo del Vino de Dinastía Vivanco, en su ponencia "Espacios de relación y circulación en la bodega" recordó que el interés que despierta el mundo del vino entre los consumidores requiere una nueva concepción de bodega que integre un circuito de visitantes en los habituales recorridos que sigue el vino desde la recepción de la uva hasta su distribución. El nuevo circuito debe incorporarse de tal forma que no entorpezca la actividad que se desarrolla en la bodega y permitir un recorrido ordenado, limpio, pulcro, y ofrecer una imagen que enriquezca el producto, de tal forma que todo el conjunto hable de la calidad del vino. Para lograrlo, explicó Marino, es necesario visualizar todo el proceso para plasmar el espacio en el que debe haber armonía tanto entre los elementos internos como con el entorno. También recordó que la complejidad del diseño de una bodega debe sustentarse en tres pilares básicos: el enólogo, el arquitecto y el ingeniero.

El también riojano Héctor Madrigal aportó el punto de vista de la ingeniería en relación al espacio de "Almacenaje, venta y distribución". Según Madrigal para planificar la zona de embotellado de la bodega, con la que se concluye el ciclo de elaboración del vino y por lo tanto de los espacios que formaban parte de este curso, es necesario determinar la gama de vinos que se van a elaborar y el rendimiento que se quiere alcanzar, porque esto determinará el tamaño y el número de las máquinas que intervienen en todo el proceso de embotellado y las instalaciones que requiere su almacenaje. Madrigal defendió el proceso productivo y la tecnología enológica como punto de partida para definir los espacios, ya que será la maquinaria y los bienes de equipos necesarios para alcanzar los objetivos previamente definidos los que determinarán los volúmenes. Los espacios destinados al embotellado y almacenaje deben ofrecer una imagen de funcionalidad, tecnología, operatividad, higiene, ofrecer sensación espacial y mantener a su vez condiciones ambientales adecuadas. Ha recordado que esta parte del proceso supone para la bodega la puesta de largo del vino que han elaborado, ya que la botella, el tapón, la cápsula y la etiqueta son la primera carta de presentación y juegan un papel muy importante en la decisión de compra del consumidor.

Por último los arquitectos Jesús Manzanares y Rafael Beneytez fueron los encargados de reflexionar sobre "Los espacios de la cultura del vino" en una peculiar charla con cierto contenido poético. Han recordado que el vino es una bebida capaz de expresar sensaciones a través de aromas y sabores y presentar así la tierra de la que procede, unas sensaciones que la arquitectura también puede llegar a transmitir a través de las líneas y volúmenes que forman parte del conjunto.

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Mesa

Fotografía: De izquierda a derecha: Vicente Sánchez Migallón, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Enólogos; Domingo García Pozuelo, Decano del Colegio de Arquitectos de La Rioja; Antonio Palacios, presidente de la Asociación Enólogos de Rioja; el arquitecto y director del curso, Jesús Manzanares y el delegado del Colegio de Ingenieros Agrónomos de La Rioja, Pedro Lara.




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